
Las personas mayores es otro de los grupos de mayor riesgo, aunque en números exactos esta afirmación no resulte cierta, pero si tomamos en consideración el número de accidentes en los que se ven involucrados personas mayores de 65 años y los kilómetros que recorren al año, nos encontraremos con el resultado de que junto con los jóvenes son los grupos de mayor riesgo.
Es ley de vida, y ello pese a los grandes avances que se van produciendo en el campo de la medicina, que con la edad las facultades físicas van mermando poco a poco que compensan con su larga experiencia. Las personas mayores se mueven en una dicotomía difícil, como es el hecho de que van perdiendo facultades físicas por un lado pero por otro siguen participando de la sociedad, lo que es lógico y normal, por lo no quieren renunciar a los signos externos como son seguir conduciendo pese a tener una edad avanzada o perder el carne de conducir.
Las personas mayores tienen en su haber el hecho de que son muy respetuosas con las normas de circulación, no exceden de la velocidad permitida, no consumen alcohol, pero sin embargo sufren más accidente como consecuencia de la perdida de sus capacidades psicomotoras. Tienen más dificultades para ver, oír, interpretar las indicaciones, procesar las informaciones, etc.
Pero no sólo sufren los accidentes como conductores, también y en mayor medida, como peatones. Por ello es fundamental que el conjunto de los conductores respetemos todavía más si cabe las normas de circulación en su presencia, porque resultan extremadamente vulnerables.
Durante los últimos años se ha producido un aumento progresivo de la población mayor de 65 años. La autonomía y la independencia de las personas en sus desplazamientos como peatones y como conductores son componentes inseparables de la calidad de vida. Sin embargo, la movilidad de las personas mayores se ve dificultada por problemas de salud y por condiciones ambientales. Ambos aspectos constituyen barreras que limitan su autonomía y su independencia y disminuyen su seguridad vial.
Las consecuencias de estas condiciones pueden cambiarse, pueden ser paliadas e incluso corregidas y eliminadas. El conocimiento de las estrategias que pueden utilizarse para afrontar las dificultades ambientales y las limitaciones funcionales es muy valioso. Las personas que tienen limitaciones o que experimentan dificultades son quienes mejor conocen la forma de adaptarse a ellas. Sólo quien lo ha vivido es capaz de comprenderlo.
OBJETIVOS
El objetivo básico de un estudio de la DGT ha sido recoger información que permita incrementar la seguridad vial de las personas mayores tanto como peatones como conductores. Para ello hemos encuestado a las personas implicadas mediante un estudio a nivel nacional. Este estudio se ha llevado a cabo a partir de las respuestas de 700 peatones y conductores mayores de 55 años, de acuerdo con la población española recogida en el censo de 1991, tratando de primar la generalización de los resultados en función del rol desempeñado, la edad y el sexo.
La información que se ha recogido ha puesto de manifiesto las dificultades que estas personas encuentran en sus recorridos y los esfuerzos que han de desarrollar para superarlas. Esta información nos da pautas para seleccionar los aspectos motores senso-perceptivos y cognitivos que han de adaptar las personas. También nos indica sobre las condiciones del entorno que las personas consideran más seguras. La superación de las dificultades funcionales y ambientales se lleva a cabo mediante un conjunto de estrategias que pueden ser entrenadas.
Para ello se construyó un cuestionario que incluyó los siguientes grupos de variables: