
Es otro de los grupos de mayor riesgo, aunque afortunadamente los índices de accidentalidad están en descenso en lo que les respecta. Los niños son mucho más propensos a sufrir accidentes en su condición de peatones, ya que su nivel de atención es más bajo, desconocen las normas, son imprudentes por naturaleza, tienen problemas de visión por su estatura, etc.
Las ciudades están raramente diseñadas para los niños, sufren el acoso de la densidad de circulación en algunas de ellas, los conductores no siempre son respetuosos ante la presencia de niños en la proximidad de la calzada, la señalización es inexistente o deficiente, etc. Por ello se producen muchos más accidentes que los que deberían acontecer. Los niños por su constitución son mucho más vulnerables a sufrir lesiones de importancia, ya que por ejemplo, los frontales de los vehículos resultan mucho más altos para ellos.
Por ello, ante la presencia de niños deben extremarse todas las atenciones, reducir la velocidad, y prever la reacción de los mismos, por su irrupción en la calzada. Si la vía es estrecha y existen vehículos a ambos lados, hay que reducir la velocidad. Los padres deben enseñarles, desde el primer momento, las reglas básicas para sus seguridad, aprender a cruzar por pasos de peatones, hacerlo siempre en verde para ellos, hacerlo por el lado más alejado de la zona de parada de los vehículos, circular por la parte más alejada a la calzada y por la acera, no cruzar entre coches, ni correr en las proximidades de los vehículos, llevar elementos reflectantes si circulan por la noche, y si van en bicicleta hacerlo respetando las reglas de circulación.
Muchas de estas pautas pueden enseñarse por mediación de los parques infantiles de tráfico, y en los colegios pero sin duda la responsabilidad más importante la tienen los padres día a día.
Los politraumatismos por accidentes de tráfico continúan siendo la primera causa de muerte en menores de 14 años, según Vicente Martínez Ibáñez, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Pediátrica. En nuestro país hay determinados puntos negros que aún no se han corregido, como el cinturón en la parte de atrás del automóvil y la actuación una vez que se ha producido el accidente.
Coger al niño en brazos y trasladarlo al hospital es una práctica habitual que puede provocar graves consecuencias. "Al adulto no se le mueve, pero se tiende a coger al niño sin saber que así se puede causar una lesión medular", ha advertido Martínez, quien considera necesario organizar cursos de formación para todos los profesionales que intervienen en estos siniestros.
En este sentido, Diego Vela, jefe de Cirugía Pediátrica del Complejo Hospitalario y Universitario Juan Canalejo, de La Coruña, ha destacado la importancia de conocer y respetar las normas incluidas en la denominada "media hora de oro".
Los expertos han detectado también avances con respecto al pasado, ya que hace unos años el 60 por ciento de los niños llegaban al hospital sin collarín y ahora lo tienen prácticamente todos.
Por edades, los datos apuntan a que, por debajo de los cuatro años, los niños se accidentan dentro del coche; hasta los ocho, en casa y, a partir de esa edad, en atropellos.